martes, 25 de diciembre de 2012

Muchos "por qués" y pocos "qué hacer"


En el libro se responden de manera perfecta cómo y por qué nos afecta esta crisis de información y de informadores. Lo que no dice es cómo salir de ella.
  
  La mayor parte de la culpa, según los autores, recae en los gestores de los medios de comunicación, en este caso la prensa escrita, donde por lo visto se han centrado en ver el medio como un negocio y fuente de ingresos. Si los gestores o los dueños de la mayor parte del capital no son periodistas es difícil que se pueda salir del hoyo, porque tal y como plantean la situación en España no puede arreglarse de ninguna manera. Es como parchear un depósito de combustible que ya se ha vaciado. Ahora no hay nada que hacer. ¿Cuándo comenzó todo, fue quizá en el momento en el que empezaron a plasmar información en Internet de forma gratuita unos y por suscripción otros? Así se fue al garete, porque cuando tienes hambre te vas donde comas más, por menos.
  
  El dueño del capital debe de cumplir con la obligación de que el negocio marche bien, pero pocos existen que combinen una buena gestión con la sensibilidad de la profesión, en este caso, el Periodismo. Están ciegos a un planteamiento diferente y cuando aparece una grieta se parchea con despidos y recortes, en lugar de observar de dónde viene el resquebrajamiento.
  
  Recuerdo que cuando se estaba preparando el laboratorio de sonido de la Universidad para impartir una asignatura de Doblaje, se planteaban una serie de necesidades básicas, como tener un monitor de televisión a cierta distancia y colocado de una manera cómoda para el alumno y para el técnico de sonido. El responsable de esa sala no lo entendía y decía que se podía grabar en otra sala insonorizada mucho más pequeña, incluida dentro de la sala principal. No era cómodo ni práctico para trabajar, pero eso sólo lo sabíamos las personas que conocíamos cómo funcionaba un estudio de doblaje. En el Periodismo pasa lo mismo, es caro tener a corresponsales y se quitan, aludiendo a que cada vez nos interesa menos lo que pase fuera y además es caro. El concepto de “caro” llega cuando los ingresos bajan y se empieza a recortar de fuera hacia dentro. Se exige rapidez, en resumidas cuentas, ser productivo a una velocidad improductiva para el periodista. Así se resiente la información, pierde calidad, se sigue recortando y entonces sólo se le paga a las agencias para que sean ellas las que rellenen de noticias todos los medios.
  
  Desde hace mucho tiempo, se puede buscar una noticia importante en varios medios de comunicación y el contenido es el mismo, no hay aportaciones nuevas, detalles que sólo sabe y ve el que va a cubrir la información. Estamos en un punto en el que sólo nos vamos a cubrir con el abrigo cuando haga frío.
  
  No me ha gustado la crítica a Twitter, no es una amenaza, sólo una herramienta de adaptación a los nuevos medios. El periodismo ciudadano al que se alude no va a hacer jamás competencia al puro Periodismo.
  
  No hay solución, salvo que los periódicos se queden como información cultural, historias y viajes; asuntos a fin de cuentas que no están tan necesitados de rabiosa actualidad y evolución. Un estreno es un estreno y punto. Se habla de él, se entrevista al protagonista y al director y se lanza. La noticia del Madrid Arena estaba tan viva que desde que salió el primer titular en la rotativa por la mañana hasta la hora del aperitivo, habían pasado muchas cosas y había que contarlas, por eso Twitter sí fue utilizado por los medios para entrar en contacto con testigos e informar de lo que iba sucediendo continuamente.
  
  Mucho me temo que en un futuro no muy lejano a los periodistas se les verá como a los Ángeles del Infierno o a la Tuna, dos extremos, dos cosas distintas que hacen lo mismo: molestar.


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