En el libro se
responden de manera perfecta cómo y por qué nos afecta esta crisis de
información y de informadores. Lo que no dice es cómo salir de ella.
La mayor parte de la culpa, según los
autores, recae en los gestores de los medios de comunicación, en este caso la
prensa escrita, donde por lo visto se han centrado en ver el medio como un
negocio y fuente de ingresos. Si los gestores o los dueños de la mayor parte
del capital no son periodistas es difícil que se pueda salir del hoyo, porque
tal y como plantean la situación en España no puede arreglarse de ninguna
manera. Es como parchear un depósito de combustible que ya se ha vaciado. Ahora
no hay nada que hacer. ¿Cuándo comenzó todo, fue quizá en el momento en el que
empezaron a plasmar información en Internet de forma gratuita unos y por
suscripción otros? Así se fue al garete, porque cuando tienes hambre te vas
donde comas más, por menos.
El dueño del capital debe de cumplir con la
obligación de que el negocio marche bien, pero pocos existen que combinen una
buena gestión con la sensibilidad de la profesión, en este caso, el Periodismo.
Están ciegos a un planteamiento diferente y cuando aparece una grieta se
parchea con despidos y recortes, en lugar de observar de dónde viene el
resquebrajamiento.
Recuerdo que cuando se estaba preparando el
laboratorio de sonido de la Universidad para impartir una asignatura de Doblaje, se
planteaban una serie de necesidades básicas, como tener un monitor de televisión
a cierta distancia y colocado de una manera cómoda para el alumno y para el
técnico de sonido. El responsable de esa sala no lo entendía y decía que se
podía grabar en otra sala insonorizada mucho más pequeña, incluida dentro de la
sala principal. No era cómodo ni práctico para trabajar, pero eso sólo lo
sabíamos las personas que conocíamos cómo funcionaba un estudio de doblaje. En
el Periodismo pasa lo mismo, es caro tener a corresponsales y se quitan,
aludiendo a que cada vez nos interesa menos lo que pase fuera y además es caro.
El concepto de “caro” llega cuando los ingresos bajan y se empieza a recortar de
fuera hacia dentro. Se exige rapidez, en resumidas cuentas, ser productivo a
una velocidad improductiva para el periodista. Así se resiente la información,
pierde calidad, se sigue recortando y entonces sólo se le paga a las agencias
para que sean ellas las que rellenen de noticias todos los medios.
Desde hace mucho tiempo, se puede buscar una
noticia importante en varios medios de comunicación y el contenido es el mismo,
no hay aportaciones nuevas, detalles que sólo sabe y ve el que va a cubrir la
información. Estamos en un punto en el que sólo nos vamos a cubrir con el
abrigo cuando haga frío.
No me ha gustado la crítica a Twitter, no es
una amenaza, sólo una herramienta de adaptación a los nuevos medios. El
periodismo ciudadano al que se alude no va a hacer jamás competencia al puro
Periodismo.
No hay solución, salvo que los periódicos se
queden como información cultural, historias y viajes; asuntos a fin de cuentas
que no están tan necesitados de rabiosa actualidad y evolución. Un estreno es
un estreno y punto. Se habla de él, se entrevista al protagonista y al director
y se lanza. La noticia del Madrid Arena estaba tan viva que desde que salió el
primer titular en la rotativa por la mañana hasta la hora del aperitivo, habían
pasado muchas cosas y había que contarlas, por eso Twitter sí fue utilizado
por los medios para entrar en contacto con testigos e informar de lo que iba
sucediendo continuamente.
Mucho me temo que en un futuro no muy lejano
a los periodistas se les verá como a los Ángeles del Infierno o a la Tuna, dos
extremos, dos cosas distintas que hacen lo mismo: molestar.